Miriani Pastoriza, la astrónoma loretana reconocida en el mundo y con galaxias que llevan su apellido
Por Lic. Grissel Herrera entrevista Exclusiva para Santiago Día por Día
Desde el patio de su casa en Loreto, donde de niña miraba el cielo lleno de estrellas, hasta convertirse en una de las astrónomas más importantes de América Latina. La historia de Miriani Pastoriza es la de una mujer que desafió las barreras de su tiempo y dejó su nombre escrito en la ciencia mundial.
En una charla cálida y llena de recuerdos, la científica loretana repasó su vida, marcada por la curiosidad, la perseverancia y una profunda pasión por entender el universo. A sus 86 años transmite una energía admirable. Sonríe, se emociona al recordar su historia y habla con la misma pasión de siempre por la astronomía. “Yo tenía 8 años cuando empecé a sentir curiosidad por el cielo”, recuerda. “En las noches de verano sacábamos las camas al patio y yo me quedaba mirando las estrellas. En mi interior decía: yo quiero ser astrónoma”.
De Loreto al universo
Miriani Pastoriza nació en Loreto a 60 km de la capital de Santiago del Estero, recuerda que quien la trajo al mundo fue el Dr. Oscar Ábalos (hoy el hospital de Loreto lleva su nombre) y creció junto a sus hermanas Mirta y Luisa. Su madre, Clotilde Baigorrí de Pastoriza, era docente, mientras que su padre, José Pastoriza, un hombre político, fue intendente de la ciudad alrededor de la década de 1930 y también tenía un negocio de ramos generales.
Realizó parte de sus estudios en el Colegio Pedro Francisco de Uriarte y luego se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero, donde se recibió de Maestra Normal en el Colegio Nacional. Pero su sueño ya estaba claro: quería estudiar astronomía. “Mi mamá averiguó dónde podía estudiar. Primero apareció la opción de La Plata, pero después supimos que en Córdoba también se podía. Era más cerca”, cuenta.
Junto a su madre Clotilde y sus hermanas Luisa y Mirta.
A mediados de la década de 1950 estudiar astronomía en Argentina era un desafío enorme. Sin embargo, en 1956 una oportunidad cambió su destino: se fundó la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba. Con determinación y el apoyo de su familia, Pastoriza se inscribió y comenzó el camino que la llevaría a convertirse en la primera mujer en recibir un título en Astronomía en la Argentina. Pero incluso después de ese logro debió enfrentar desigualdades.
“Cuando terminabas el doctorado en el Instituto automáticamente pasabas a ser Jefe de Trabajos Prácticos adjunto. Todos mis compañeros pasaron menos yo. Tuve que hacer otro concurso para entrar”, recuerda.

La única mujer en el observatorio
Durante su formación también tuvo que superar obstáculos poco imaginables hoy. Era la única mujer entre todos los estudiantes del Observatorio. Para poder participar en las observaciones en la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, a unos 60 kilómetros de Córdoba, su profesor, el reconocido astrónomo José Luis Sérsic, tuvo que pedir autorización especial al rector.
En ese observatorio, ubicado en las sierras a 1300 metros de altura, los investigadores pasaban una semana entera trabajando. Durante el día descansaban y por las noches subían al telescopio para fotografiar galaxias con uno de los instrumentos más grandes del hemisferio sur. Allí comenzó el trabajo que luego marcaría un antes y un después en
la astronomía. Recuerda que: “observar las galaxias me llevaba noches enteras y para obtener información tardaba hasta tres meses en esa tarea. Estudié 20 galaxias, durante 7 años para hacer mi tesis”.

Un descubrimiento que lleva su nombre
Uno de los aportes científicos más importantes de Pastoriza surgió durante sus primeros años de investigación. Junto al astrónomo José Luis Sérsic descubrió que los núcleos de ciertas galaxias espirales —que hasta entonces se creía que contenían sólo estrellas antiguas— en realidad eran regiones activas donde nacían nuevas estrellas. “Descubrimos varias galaxias del hemisferio sur que tenían esas condensaciones”, explica. El hallazgo fue publicado en 1978 y tuvo gran repercusión en la comunidad científica internacional. Se llamaron galaxias Sérsic-Pastoriza, un reconocimiento que dejó el apellido de la científica loretana en la historia de la astronomía.

Dictadura, persecución y exilio
Cuando su carrera avanzaba con gran proyección, la historia política del país marcó un duro punto de inflexión. En 1976, durante la última dictadura militar, Pastoriza fue apartada de su cargo universitario mediante la llamada Ley de Prescindibilidad. “Yo era sindicalista en la universidad de Córdoba y luchaba por lo que creía. En esa época las mujeres teníamos muchas menos posibilidades que los hombres, pero siempre peleé por lo que quería” afirma.
Sin posibilidad de trabajar en universidades argentinas, regresó por un tiempo a Santiago del Estero. “Allí me dediqué a preparar alumnos de Ingeniería mientras mandaba cartas a distintos países para conseguir trabajo”, recuerda. Finalmente, en 1978 llegó una oportunidad desde Brasil que cambiaría su destino. Su currículum era excelente tenia 14 publicaciones y tenia el titulo de Lic. en Astronomía, Doctora en Astronomía e hizo posdoctorados en Inglaterra en el Royal Astronomical Society (RAS), en el Instituto de Astrofísica de Canarias (España) y estuvo dos años en el Telescopio Espacial de EE.UU, entre otros.
La científica que formó generaciones
Pastoriza se trasladó a Porto Alegre, donde asumió un rol central en el desarrollo del Departamento de Astronomía de la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Allí continuó investigando con la misma pasión y profundizó sus estudios sobre la evolución de la Vía Láctea. En 1986 ganó el concurso como profesora titular y alcanzó la categoría máxima dentro de la carrera científica. A lo largo de su trayectoria dirigió 18 maestrías y 15 doctorados, además de participar en numerosos proyectos internacionales.
Reconocimientos internacionales
Su trabajo fue reconocido en distintos países. En 2008 fue incorporada como miembro de la Academia Brasileña de Ciencias y recibió la Orden Nacional de Mérito Científico, entregada por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. También fue nombrada Profesora Emérita en Brasil, recibió el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba y en 2020 fue incorporada a la Academia Nacional de Ciencias Exactas de Argentina.
A lo largo de su carrera publicó más de 200 trabajos científicos y formó a decenas de investigadores. Aunque se jubiló en 2009, continuó investigando hasta 2025.

“Hice lo que quería hacer”
Más allá de los premios y los descubrimientos, Pastoriza siempre destacó la importancia de abrir camino a las mujeres en la ciencia. Participó activamente en iniciativas de igualdad de género y colaboró con organizaciones que promueven la participación femenina en las áreas científicas.
Hoy, cuando repasa su historia, lo dice con emoción y serenidad:“Me siento realizada. Puedo morir en paz, porque he dejado una contribución al mundo. Hice lo que quería y creía que debia hacer”.
Hoy disfruta de sus logros, de sus hijos Ana Verónica, Licenciada en Biología y Carlos Ernesto especializado en Ciencias de la Computación. Además de sus nietos de los que se muestra súper orgullosa. Cuenta que cada vez que vuelve a Santiago “paso por Loreto, hace poco estuve y fui a visitar la que era mi casa. Le pedí al dueño que me deje pasar y vinieron a mi mente tantos recuerdos hermosos, ahí es donde nacieron mis sueños y mis ganas de conocer el universo. Le doy gracias a Dios por todo lo que viví y vivo”.
Desde aquel patio de Loreto donde empezó a mirar el cielo, hasta los observatorios y universidades del mundo, Miriani Pastoriza construyó una historia extraordinaria.
Una historia de talento, perseverancia y sueños que hoy llena de orgullo a Loreto, a Santiago del Estero y a toda la Argentina.

