El Kakuy: donde la leyenda aún canta en el Parque Aguirre

Cuando cae la noche en Santiago del Estero y el viento recorre los árboles del Parque Aguirre, hay quienes aseguran que todavía puede escucharse un canto triste y profundo. No es un ave cualquiera: es el Kakuy, protagonista de una de las leyendas más conmovedoras del folclore santiagueño.

La historia cuenta que dos hermanos vivían solos en el monte. Él, noble y trabajador. Ella, dura y desagradecida. Cansado del desprecio, el hermano la llevó a buscar miel a un árbol altísimo. Cuando ella subió, él cortó las ramas y la dejó atrapada. Desesperada, comenzó a gritar: “¡Turay… kakuy!”, llamando al hermano que ya no volvió. Entonces ocurrió lo imposible: sus brazos se volvieron alas, sus pies garras y su cuerpo plumas. Así nació el ave nocturna cuyo canto aún hoy estremece al monte.

Esa leyenda no quedó solo en palabras. En 1943, el escultor español Rafael Delgado Castro, enamorado del alma santiagueña, la transformó en arte. Por encargo del empresario Guillermo Renzi, talló la estatua del Kakuy para acompañar la histórica confitería del parque. Desde entonces, la escultura se convirtió en un guardián silencioso de la memoria popular.

Rafael Delgado no fue un artista más: fue un inmigrante que eligió Santiago del Estero como hogar y que encontró en su gente, en sus mitos y en su paisaje, la inspiración para crear. Con sus manos dio forma a la identidad del monte, dejando un legado que continuaron su hijo y su nieto, convirtiendo su apellido en sinónimo de arte y tradición.

Hoy, la estatua del Kakuy no es solo una obra escultórica. Es una postal viva, un punto de encuentro entre el pasado y el presente. Turistas, estudiantes y familias se detienen frente a ella para escuchar la historia, para mirar el cielo entre los árboles y para sentir que Santiago del Estero no solo se visita: se vive.

Porque el Kakuy no canta solo una leyenda. Canta la memoria de un pueblo que nunca dejó de contar su historia.